jueves, 2 de febrero de 2017

Día 5. Bangkok

¡Buenos días!

     En nuestro quinto día y con las pilas recargadas nos disponemos a visitar lo que se nos quedó pendiente, nuestra excursión a Kachannabury.

     Nos levantamos temprano, desayunamos como cada mañana y nos fuimos a la calle Silom Road, para tomar el autobús nº 77. Nos habían recomendado coger este transporte para ir hasta la estación de "Mo Chit". Esperamos varios minutos hasta que llegó el nuestro. Era un autobús bastante viejo, de color rojo, y para nuestra sorpresa, gratuito. El trayecto fue una aventura, pues solo íbamos nosotros como "guiris", los demás eran thais. El "cacharro" era muy ruidoso, y en su interior hacía mucha calor (no tenía aire acondicionado, solo las ventanas abiertas).



     Durante el camino intercambiamos una conversación con una señora muy simpática. Después de unos minutos llegamos a la estación de autobuses de Mo Chit sobre las 8,30 de la mañana, aunque tenía más pinta de descampado que de estación. Nos bajamos del autobús y preguntamos a una señora que tenía como un puesto (una mesa y una silla con un cartel que decía Kannchanabury) y nos dice la señora que la siguiente Vans salía a las 9.00h así que pagamos 150baths cada uno, y tras 5 minutos, vivimos una situación surrealista. La señora a la que habíamos pagado desaparece por un momento, y vuelve a aparecer con una moto. Nos mira con su cara sonriente y nos invita a subir a los dos con ella. ¡¡LOS TRES!! en su moto nos dirigíamos hacia hacia donde salía la Van. Por mucho que os cuente, es imposible describir por aquí lo que vivimos y qué pena que no tengamos fotos de todo aquello pero es que una cosa nos iba llevando a otra sin que pudiéramos pararnos ni a pensar.
Tras varias negativas de Emilio a subirnos a la moto, la mujer nos insistía y nos insistía, o subíamos a la moto o nos quedábamos allí en medio así que la situación nos llevó a vivir la experiencia, Subidos en una moto con una señora desconocida, llevándonos a no sé dónde, transcurríamos por callejuelas anegadas de agua, estrechas y con muchas personas sentadas en la puertas de sus "casas", típicas calles del sudeste asiático. 
Llegamos a nuestro destino, unas "chabolas" perdidas por detrás de la estación, la señora para la moto, nos bajamos, y se dirige hacia un hombre que estaba durmiendo entres dos sillas, que era el conductor de la Van. Intercambiaron algunas palabras, y dirigiéndose a nosotros nos dice que no sale hasta las 11.00h por lo que tras pensarlo bien decidimos no hacer la excursión e irnos andando (por las calles donde minutos antes habíamos pasado en moto) hasta la estación de autobuses y coger el bus de vuelta hacia Victory Monument. 
Aprovechamos para preguntar en la estación e intentar por todos los medios hacer nuestra excursión pero todos nos remitían al mismo sitio de donde veníamos, así que cogimos otra vez el autobús nº77 para volvernos a Victory Monument, desde donde intentamos tomar la excursión, pero ya se nos hacía muy tarde y tuvimos que tomar la decisión de no hacer la excursión. Decisión muy difícil y que nos supuso arrepentirnos de no haber contratado la excursión en nuestro hotel o en alguna agencia, los demás días nos salió bien hacerlo por nuestra cuenta pero tras la experiencia vivida os aconsejamos que esta excursión la contratéis por anticipado. Fue un chasco y durante unos minutos estuvimos KO sin querer creer que perdiéramos una de las excursiones que más ilusión nos hacía. Me "consuelo" con que más adelante nos encontramos con unos españoles que nos dijeron que apenas llevaba agua las cascadas de Erawan y no era tan bonito, por buscar consuelo.....

     Una vez recuperados del "fracaso", cogimos el skytrain en la parada de Victory Monument, y nos apeamos en la parada de Sala Daeng, nos metimos en un Starbuck´s y nos tomamos un café cada uno. El café nos supo a gloria, y nos levantó bastante el ánimo. Además, de planear el día, nos estuvimos riendo un rato con el nombre que había escrito la chica que nos atendió, cuando le dijimos el nombre que tenía que poner en los vasos, Emilio decidió dar su nombre, pero la chica puso en el vaso de todo menos Emilio. 😂😂😂



     Salimos de la cafetería y fuimos hacia la parada del metro de Silom, que se encontraba a dos minutos andando, y nos bajamos en Hua Lamphong, cerca de la estación de tren de Bangkok. Tras salir del subterráneo, nos montamos en un tuk-tuk que por 150baths nos llevó hasta el Golden Mountain (os recomendamos montaros en este transporte, es una experiencia muy chula) 



     El Golden Mountain es una construcción maravillosa. Un templo pequeño, pero realmente encantador, se respira paz y tranquilidad en cada rincón. Pagamos 20 baths por persona y comenzamos a subir los 318 escalones que tiene hasta su punto más alto. El ascenso hasta su templo, es muy bonito, pues se entremezclan la vegetación silva de Tailandia con campanas y gongs típicos de Asia. Nos paramos en varias ocasiones y disfrutamos tocando estos instrumentos musicales que te transportaban a otro lugar. En el interior, se encuentra un buda dorado, el cual invita a rezarle u observarlo durante minutos, pues la tranquilidad, silencio y olores de su interior, te hace entrar en una sensación de bienestar y relax, que te sumerge en la cultura budista del país.






















     Tras pasar un rato de tranquilidad en el lugar, salimos hacia el barrio famoso de "China Town", y nos sumergimos en su ambiente, su caos y su movilidad continua. Había multitud de tiendas de naturaleza variopintas. La sensación era de no dejar de mirar a un lado y a otro, de absorber todo lo que nos encontrábamos ante nuestros ojos porque era un choque grande con respecto a lo que estamos acostumbrado a ver en España.





























     La visita en esta peculiar zona de Bangkok tengo que decir que me encantó. Durante el trayecto descubrí una tienda de cosmético en la que disfruté como una enana y, en la que adquirí unos cuantos de "caprichitos". Además, de que era una tienda muy bonita, aprovechamos la estancia para refrescarnos un poco en su interior, pues tenía aire acondicionado, y nuestros cuerpos necesitaban también un respiro.

     Tras salir con mis cosméticos nuevos, continuamos caminando en dirección a la estación de tren, y por el camino pasamos por varias zonas interesantes, entre ellas un puente con un encanto especial.



     Posteriormente, hicimos el camino del vuelta en el metro desde la parada Hua Lamphong hacia la de Silom. Necesitábamos descansar, sentarnos, estirar las piernas y comer algo. Después de una hora aproximadamente, habíamos repuesto las suficientes fuerzas, para ir a nuestro último destino, "Lumphini Park".






     Es uno de los pulmones verdes que tiene la ciudad de Bangkok, y donde la gente local va a disfrutar del deporte, principalmente. Vimos a muchos tailandeses haciendo runningyoga, y una especie de arte marcial (con movimientos lentos y sostenidos). A nosotros nos sorprendió ver a unos reptiles bastante grandes, parecido a los dragones de Komodo, los varanos.




     Cuando terminamos de recorrer el parque y pasear un poco, decidimos que era hora de volver al hotel. Mañana dejábamos Bangkok para ir a conocer una nueva ciudad, Chiang Mai y todos sus alrededores. En el camino de vuelta nos encontramos un "altar" con ofredas en la calle, y nos resultó bastante curioso. Aunque es típico ver algo de comida con un incienso en las puertas de las casas y los comercios, éste era especialmente grande.


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